Desde que era una niña he sentido una enorme atracción por Armando, aun cuando es 30 años mayor que yo. Actualmente yo tengo 18, mi nombre es Cassandra y los últimos tres han sido los más maravillosos de mi vida. Después de años de deseos reprimidos, por fin pude hacer realidad todas aquellas fantasías sexuales que Armando me provocaba y que influyó a que me volviera lo que se conoce como una "Lolita", es decir que me gustan los hombres mayores, no recuerdo haber tenido un solo novio de acuerdo a mi edad, el mas cercano por lo menos me llevaba 10 años y empecé a "noviar" desde muy niña, a los 12.

Todo comenzó cuando era apenas una niña de cuatro o cinco años, mi madre se lastimó la cadera imposibilitándola para realizar ciertos trabajos, desde entonces Armando, mi padre, se encargaba de atenderme y entre ello me bañaba. Para aprovechar el tiempo, me bañaba mientras él se duchaba y ya desde entonces le veía la verga parada, aunque para entonces no sabía lo que sucedía.

Pasaron varios años y seguía bañándome, sentía rico cuando con sus manos me frotaba todo el cuerpo, me cargaba para enjuagarme con la regadera y repegaba su falo en mis aun infantiles nalgas. Sin saber bien de lo que se trataba, para entonces yo tenia 8 años, me gustaba verle la verga parada y sentirla frotándose contra mí, produciéndome una agradable sensación en el bajo vientre.

Pasaron dos años mas durante los cuales ya me manoseaba descaradamente y yo complaciente me dejaba disfrutando sus morbosas caricias y la fricción de su verga en mi cuerpo y ocasionalmente me pedía que se la frotara chaqueteándole. Sin que mi padre me hubiera pedido guardar silencio, yo sabia que aquello era algo "prohibido" y nunca le comenté a mi madre lo que sucedía entre Armando y yo mientras nos bañábamos.

Al cumplir los 10 años, Armando dejó de bañarme y aparentemente todo habría de quedar en el olvido. Sin embargo nunca dejé de pensar en aquellos placenteros baños que me daba mi padre y sobre todo en su enorme vergota que ahora se me antojaba más que nunca y lamentaba no haber aprovechado cuando la tenía a mi disposición.

Empecé a conocer lo que era el sexo y me masturbaba recordando la rica vergota de Armando. Prefería novios mayores que ya buscaran en mi la satisfacción sexual haciéndome recordar a mi padre y su sabroso tolete, y no la "manita sudada" y los besos inocentes de los chicos de mi edad.

Pasaron los años, entonces estaba por cumplir los 15, ya había entregado mi virginidad tanto vaginal como anal y por supuesto practicado el sexo oral, estaba en lo mas cachondo de mi vida, me encantaba vestir provocativa, tanto exteriormente como en la lencería intima, dar imagen sensual, sentirme deseada sexualmente por los hombres mayores a pesar de mi corta edad.

Una mañana de sábado que estaba a punto de meterme a bañar, me encontré con mi padre a la puerta del baño, sin siquiera meditarlo me abrí la bata dejándole ver mis muslos y más. Sonriendo le dije con cinismo "Tengo flojera de bañarme, ¿no me ayudas?". Armando se quedó atónito por unos instantes, pero sin dejar de ver mis piernas, y ante mi sorpresa me dijo "Espera a que tu madre se vaya al supermercado a traer la despensa". Pude ver como se formó bajo el pantalón de su pijama el "bulto" de su hermosa vergota que reaccionaba ante mi procaz ofrecimiento.

Armándome con el valor que me daba la cachondez que sentía, me quité la bata quedando solo en las breves pantaletas que portaba dejándole ver "todo lo que podía disfrutar" al revivir aquellos cachondos baños que nos dábamos algunos años atrás, "Te espero cuando mi madre se haya ido", dije con voz sutil queriendo que sonara sensual y me metí al baño dejando la puerta entreabierta.

Estaba a medio bañar cuando mi padre entró a la ducha, estaba completamente desnudo y blandía orgulloso su rica enormidad sexual. Estaba enjabonada y Armando enseguida se dio a la tarea de manosearme todo el cuerpo repegando insolentemente su colosal camote en mis partes intimas, no dejaba de repetir lo "Buenota" que me había puesto en estos años, mientras me besaba y chupeteaba el cuello, las chichitas y amenazaba con bajar su boca a mi juvenil papaya apenas cubierta por un tenue vello aun en crecimiento, mientras su manos hurgaban entre mis nalgas buscando mi culito y mi raja sexual.

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Me apoderé de su falo chaqueteándoselo y diciéndole lo hermoso que lo tenía, en un arranqué de lujuria me incliné besuqueándoselo y dándole una cuantas mamaditas a la cabeza de su ricura, en tanto mi padre me dedeaba la papaya por entre las nalgas haciéndome llegar al orgasmo más excitante que hasta entonces me hubiera llegado. Armando no aguantó mucho y enormes chorros de esperma bañaron mi rostro y mi boca. Ahora mi padre sabía de lo que su "niñita" era capaz.

Al día siguiente, domingo, en cuanto mi madre se fue a misa, repetimos lo mismo que el día anterior aunque con más calma y esta vez Armando pasó su boca por todo mi cuerpo poniendo especial energía en mis nalgas, culito, chiches y me chupó desmedidamente la papaya tragando los jugos vaginales que escurrieron al llegarme el orgasmo. Por mi parte me dí un banquete mamándole la vergota hasta hacerlo venirse dentro de mi boca para tragar su deliciosa leche.

Esa noche estaba que ardía de cachonda deseando estar con Armando, pero eso no sería posible sino hasta el próximo fin de semana en que se ausentara mi madre. Me vino la idea de no esperar hasta el fin de semana y decidí darle una "sorpresita" a mi padre al día siguiente en su oficina, en cuanto saliera de la escuela.

Con la idea de agradarle me puse la minifalda más corta que tenía y zapatillas de tacón alto, por dentro brassiere de media copa y pantaletas tipo tanga como siempre acostumbro usar, no llevaba pantimedias.

A las once de la mañana que salgo de la escuela, me trasladé a la oficina de Armando. Cuando llegué, su secretaria estaba saliendo de su despacho y aproveché para entrar sin avisarle, cerré la puerta poniendo el seguro. Caminé lentamente hacía mi padre contoneando mi cuerpo en forma provocativa para indicarle a que había ido, Armando no salía de su asombro pero no despegaba la mirada de mis muslos y en general de toda mi humanidad.

Cuando estuve cerca de él solo dije "Hola papi" y me senté entre sus piernas y vientre, enseguida sentí bajo mis nalgas el "paquete" que hacia su vergota en erección. Yo misma puse una de sus manos en mis muslos separándolos un poco para que metiera la mano entre ellos y tocara mi papaya forrada en las translúcidas pantaletitas que para entonces ya estaban húmedas por la cachondez que me invadía desde el amanecer.

Sin mediar muchas palabras Armando me empezó a manosear, me levantó la mini hasta la cintura y tiró de las pantaletitas quitándomelas por completo y depositándolas en un cajón de su escritorio, me desabrochó la blusa y sacó mis tetas de las copas del brassiere chupándomelas. Minutos más tarde me hizo poner de pie y empinada en el escritorio para besuquearme las nalgas y separándolas con sus manos me lengüeteaba el culito y mi raja sexual lamiendo el néctar intimo que de ella brotaba.

Cuando giré Armando ya tenía la vergota fuera del pantalón, ofreciéndomela para que se la chaqueteara, cosa que hice con ambas manos y unos minutos después me hinqué ante él para darle una soberbia mamada de camote, metiendo en mi boca lo mas que me cabia de su fenomenal vergota y solo la sacaba para besarle los güevos y manifestarle lo sabrosa que la tenía.

Estaba dispuesta a todo, nuevamente le di la espalda y sujetando su vergota con una mano bajé mi cadera para poner la cabeza de su ricura entre mis labios vaginales, y poco a poco me fui sentando sintiendo con enorme placer como la paterna vergota iba entrando poco a poco en mi babeante papaya, cuando mis nalgas hicieron contacto con su vientre supe que todo su enorme vergón estaba dentro de mi humanidad.

Por fin mis sueños húmedos se hacían realidad, estaba siendo cogida por mi padre. Me daba sentones en aquella ricura imprimiendo velocidad, casi salía toda su vergota de mi hendidura sexual y entraba de un solo golpe, en tanto Armando me friccionaba las chiches con una mano y me frotaba el clítoris con la otra. A poco me llegó el orgasmo y momentos después Armando empezó a eyacular bañando el interior de mi vulva con su esperma. Todavía me di tiempo de levantarme para chuparle el pene y tragar los residuos de su leche.

Mientras acomodábamos nuestras ropas le dije que si le había gustado la "visita" a lo que respondió que sí con entusiasmo, estaba tan satisfecha que se me olvidaron las pantaletas en ese cajón en donde habían quedado. Le propuse volver al día siguiente y aceptó encantado solo me pidió que fuera mas tarde para que los empleados ya se hubieran marchado a comer.

Lento se me hizo el tiempo para que llegara el día siguiente para volver a disfrutar de su hermosa vergota. Puntualmente acudí a la cita. El personal ya se había retirado, solo estaba su secretaria esperándome por instrucciones de mi padre y en cuanto llegué se despidió siendo yo quien cerró con llave la puerta de entrada de la oficina.

Quise sorprender a mi padre y en la recepción de despojé de la ropa exterior que llevaba puesta, quedando solo en pantaletas y las sandalias de altos tacones. Sin avisar entré al despacho de Armando, me detuve luego de trasponer la puerta adoptando una pose cachonda para que mi padre me admirara casi desnuda. -¿Te gusto así papi?-, Le dije con procacidad, -Me encanta que llegues así Cassandra- me dijo con voz entrecortada sin despegar la vista de mi cuerpo. Con pasos lentos y contoneando mi cuerpo me fui acercando a mi padre mientras éste se sacaba de la bragueta del pantalón su sabrosa vergota bien parada.

Cuando estuve cerca de él se puso de rodillas acariciando a dos manos mis piernas y besándome el monte de Venus sobre las pantaletitas, lentamente me fue quitando las tangas echándolas al mismo cajón que las del día anterior, restregaba sus mejillas en mi aun escaso vello púbico y sus manos recorrían a placer mis nalgas buscando entre ellas mi culito, yo estaba cachondisima y me autoacariciaba las chiches mientras mi padre disfrutaba mi cuerpo manoseándome por completo. Me hizo girar y me colmó de besos las nalgas y el culo.

Minutos después se puso en pie dándome a mamar su rica vergota, permaneciendo de pie, empinada, para que él pudiera seguir dedeándome por entre mis nalgas, la papaya y el culo.

-¿Me quieres coger el culito, papi?-. Le dije deseosa de su respuesta afirmativa.

-Sí, te quiero coger por tu pedorrito, mi cachonda Cassandra- me dijo mientras arreciaba el dedeo en mi pequeño ano, a lo que yo estaba mas que dispuesta, no sería la primera vez que me encularan, aunque sí con una vergota tan colosal como la de mi caliente padre.

Después de darle una soberbia mamada de camote recargué mi tronco en el escritorio, abrí las piernas y con amabas manos me separaba las nalgas ofreciéndole mi candente culito. Armando enfiló su tolete a mi ano en el que había dejado caer gran cantidad de saliva para lubricarlo, poco a poco fue haciendo presión en mi orificio tratando de meter la cabeza de su ricura sexual. Luego de varios intentos por fin mi culito empezó a tragar la punta de su sabroso camote que poco a poco se fue perdiendo entre mis nalgas hasta que su vientre chocaba con mis glúteos.

El vaivén de su vergota en mi culito arreció, sentía como salía la totalidad de su pitote para volver a entrar sin piedad en mi cagoncito de un solo golpe, el dolor era mitigado por la extrema cachondez que me provocaba que mi propio padre me estuviera cogiendo por el culo. Sus manos se apoderaron de mi chichitas friccionándomelas a placer en tanto yo movía las nalgas al compás de las arremetidas de su adorable verga en mi conducto excretor.

-Que rico me enculas papi... Siento deliciosa tu vergota en mi culo- le repetía a cada momento gozando la verga en mi culo como nunca lo había hecho. -Cógeme, cógeme mucho con tu vergota por el culito papi... métela toda en el agujerito de tu hija que es solo para ti- decía instintivamente gozando la enculada que Armando me estaba dando.

-Que culito tan rico tienes, Cassandra... Me aprietas delicioso la verga... Tienes un culo divino hijita- me decía con voz entrecortada por el placer que le proporcionaba estar disfrutando de mi culito. El chasquido que producía su vientre al chocar contra mis nalgas me excitaba de manera extraordinaria. El orgasmo no se hizo esperar y me vine en estridente orgasmo. -Me estoy viniendo papi... Dame más verga en mi culo... Hazme venir de nuevo-, en tanto gran cantidad de flujo vaginal escurría de mi papaya mojando mi entrepierna. Un nuevo orgasmo me llegó en pocos minutos entre frases cachondas alabando la vergota de mi padre, mientras Armando no cesaba de meter y sacar su hermosura de mi ano.

Casi al mismo tiempo en que yo me estaba viniendo, sentí como mi intestino fue bañado por la leche de Armando que estaba eyaculando en mis entrañas y el ritmo de sus cogidas fue disminuyendo.

Armando se sentó en el sillón y yo sobre sus piernas, permaneciendo encuerados los dos. -¿Te gustó como me cogiste papi?-, Pregunté y sin dejarlo contestar le dije -¿Te gustaría cogerme a diario aquí mismo?-, con premura contestó, -Me encantaría-, entonces aproveché para proponerle que me contratara como su secretaria privada y tener mi cuerpo a su alcance y disposición a toda hora del día. Mi padre aceptó encantado y a partir de ese día iría a la oficina todos los días después de salir de la escuela. Me haría cargo de sus asuntos personales, especialmente de los que le proporcionaran satisfacción sexual. Como la vez anterior mis pantaletas se quedaron en aquel cajón del escritorio y nos fuimos a la casa.

Mi padre se encargó de avisar a mi madre de mi nuevo "empleo" y al día siguiente luego de clases me dirigí a la oficina para atender a mi padre. Al llegar ya todos los empleados sabían que "trabajaría" ahí y habían dispuesto un escritorio para mí. Lo primero que hice fue presentarme con Armando.

En cuanto entré al despacho, me dirigí a él sentándome en sus piernas, él metió su mano entre mis muslos acariciándomelos y mientras me explicaba lo que debía hacer, llegó hasta mi vulva para manosearla sobre las pantaletitas. Sentía con claridad su verga parada bajo mis nalgas que arremolinaba como si le estuviera masturbando con mi candente trasero.

Cuando terminó de darme las instrucciones de mi trabajo, me puse en pie para que mi padre me quitara las pantaletas y las echara al cajón donde estaban las anteriores, me explicó que era más práctico que anduviera en la oficina sin las tangas para facilitarle el que me metiera mano a cada momento. Y así fue, a cada vez que entraba a su despacho, me manoseaba todo el cuerpo o me besaba las nalgas, el culo, las chiches o la papaya y me daba a mamar la verga sin eyacular. Era imposible que los empleados se pudieran imaginar siquiera lo que padre e hija hacíamos a solas y mucho menos las tremendas cogidas que me daba por todos mis orificios íntimos cuando ellos se iban de la oficina.

Había días en que desde la casa me pedía que usara las minifaldas más pequeñas que tuviera y que no llevara pantaletas, diciéndome que me pondría alguna de las que estaban en la oficina a la hora de la salida, así me iba a la escuela.

Me regalaba mucha lencería sumamente sensual en la que incluía ligueros y medias, prendas estas últimas, que nunca había usado, pero que le excitaba a mi padre verme luciéndolas, así como algunos baby-doll y bodys que lucía en las noches cuando los empleados ya se habían retirado, me ha cogido en todos los rincones de la oficina, sobre todos los escritorios y sillones. Toda la acción sexual con Armando es en la oficina, excepto sábados y domingos en que en ausencia de mi madre nos bañamos juntos y ahí me mete su suculenta vergota.

Ya han pasado tres años de ser su secretaria privada y mi sueldo se ha ido incrementando día con día al mismo ritmo que se incrementan los placeres que le brindo a Armando.

Nos tomamos fotografías y videos cuando me esta cogiendo; Me lleva a cenar o tomar la copa desnuda, solo cubierta por una gabardina; Me pone a hablar cachondeces por teléfono con mi novio mientras él me esta cogiendo o él habla por teléfono con mi madre mientras le estoy mamando la vergota; Me lleva a viajes de "trabajo" en los que disfruta públicamente de mi cuerpo sin recato, con la confianza de que en esos lugares nadie nos conoce y nos importa poco lo que piensen de nosotros por la diferencia de edades.

Ahora soy la que más sueldo gana en la oficina y cómo no, sí mi cuerpecito me ha costado.